Día 10. El viaje llega a su fin
Hoy ha sido nuestro último día en Moscú. Dejamos atrás una ciudad extraña, ecléctica, profundamente tradicional y modernísimo al mismo tiempo. Una ciudad en la que es sencillo sentirse extranjero pero donde también es fácil sentirse como en casa.
Ayer celebramos una cena de despedida y cocinamos pisto y gazpacho para nuestros invitados rusos. Comimos, bebimos y reimos. Al final de la noche, Julia y Liuba nos obsequiaron con una canción tradicional, contenida, hermosa, vibrante. Probablemente la incluya en la película.
(en breve colgaré el video que realicé)
Partimos con la impresión de conocer un poco más esta cultura extraña que es la rusa, a sus habitantes, fríos y desagradables en los primeros tratos pero cariñosos y alegres en las distancias cortas, y también sus calles llenas de nieve (aunque deshechas durante el deshielo que ha durado todo el día de hoy y que ha dejado un paisaje aún más gris si cabe), de olores, de ruidos, de contrastes entre la pobreza más extremo y el lujo más exhuberante.
Y nos vamos con los bolsillos llenos de cosas. De noticias importantes para la película. De regalos y objetos. De tratos importantes. De experiencias buenas y malas. Un poco con la sensación de haber viajado por negocios más que por placer. De haber tenido demasiados compromisos y poco tiempo para disfrutar verdaderamente Moscú como visitantes, como extranjeros. Con el estómago lleno también de ricas comidas, de sabores nuevos, de borsh, de kvas, de blinis.
Y con unas cuantas palabras tontas, aprendidas al azar, para poder decirlas sin parar como locos carcomidos por el virus soviético. Spasiva. Dasvihdania. Packa. Jhrasho. Dobre, dobre, dobre...
(puedes ver una muestra de las fotografías del viaje en nuestro álbum de Picasa)


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