No se qué me pasa últimamente que me siento a escribir y cuando llevo una parrafada me doy cuenta de que no encuentro la idea central, lo que quería decir.
Al final, acabo borrando todo, como ahora, y sin saber muy bien qué contar.
Voy a intentar extraer un pequeño párrafo de mi último borrador:
"Hace tres años éramos tres estudiantes con un guión, alguna idea sobre cómo funcionaba la industria y lo que nos esperaba en el futuro y mucha ilusión por contar historias. Contarle historias a alguien, a un público.
Hoy sabemos mucho más sobre cómo funciona la industria y lo reacia que es al cambio. Sabemos que nos está costando mucho trabajo conseguir la financiación para nuestra película y que la industria nos apoye en esta transición en lugar de mirarnos con desconfianza. Pero todo eso nos da igual porque hemos conectado con nuestro público. Con personas que comparten nuestras ideas y que quieren que las llevemos a cabo y que nos ayudan a conseguirlo día tras día. Hemos reinventado todas las reglas y hemos buscado una alternativa a un problema (muchos, en realidad) que afecta a nuestros colegas de profesión y a nosotros mismos. Y de momento, sin pecar de optimistas, todo nos ha salido casi como queríamos."

Hoy ha ocurrido algo muy bonito: algunos de esos colegas de profesión nos han invitado a charlar sobre la situación y los problemas actuales. A nosotros, que somos los "bichos raros" de la industria. Nos han invitado a dialogar aunque no pensaran igual que nosotros, y lo mejor, han escuchado lo que teníamos que decir.
En esta reunión no ha ocurrido mucho más. No es una reunión que vaya a cambiar nada, ni respecto a las leyes ni respecto a la situación actual. Tampoco somos nadie importante (me perdonen los asistentes) como para poder influir sobre gobiernos o instituciones, tan siquiera sobre los usuarios.
Lo que si está claro es que en la mesa en la que nos hemos sentado había catorce personas con opiniones diferentes. Y como hemos charlado y aportado nuestras opiniones, lo podemos llamar debate. Y un debate es justo lo que hace falta, entre todas las partes implicadas posibles, para buscar soluciones. Soluciones a un problema que para mí tiene un origen que no es ni la piratería, ni la obsolescencia de los modelos de distribución ni las posibles leyes que se hagan para regular esto. Tiene que ver con haber perdido la confianza de nuestro público.
Me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre esta foto:

Son fans de Los Beatles. Probablemente viajaran cientos de kilómetros y durmieran al raso para ver a sus ídolos. Antes de eso compraron sus vinilos y después del concierto sus camisetas. No pensaron cuánto les estaba costando si no qué estaban recibiendo a cambio: una experiencia. Una experiencia única e inolvidable.
Los músicos saben esto bien. Los cineastas somos más torpes. Pero tengo una cosa clara: cuando existe esa conexión cómplice entre un fan y su ídolo, el dinero no es importante. No es una cuestión de pagar o no pagar, sino de si somos capaces de recuperar eso. Estoy convencido de que si somos capaces de reconciliarnos con nuestro público, darles trabajos de calidad, hechos con mimo, y tratarlos como lo que son, la cosa más importante en nuestra profesión, nos devolverán el favor y no será una cuestión de dinero.
Pero para eso debemos buscar la manera de que vivan una experiencia única e inolvidable con nuestras obras. Y eso pasa por usar la tecnología para darles esas obras cuando, como y donde ellos quieren. Para dárselas en la mejor de las calidades posibles. Para darles todo lo que pidan, como lo pidan, y esperar poder ofrecer un valor extra que convierta ese visionado en una experiencia única e inolvidable, que la complemente o la complete, que la enriquezca, y les haga sentir esa conexión con el director, el productor, el actor o el distribuidor, de tal forma que el dinero ya no sea un problema.
Y se que este discurso se aleja un poco de la línea que hemos tenido hasta ahora que se basa en cuestiones más técnicas, puramente de mercado sobre el qué, el cómo y el cuándo, sobre el valor añadido y los nuevos canales de distribución pero, cuanto más me sumerjo en la película y disfruto de este proceso que estoy compartiendo con nuestros miles de fans, cuando leo sus respuestas y reacciones ante una nueva versión del guión, un teaser, alguna de nuestras fiestas o cualquier mínima cosa, más me convenzo de que si arreglamos esto lo demás se arreglará sólo y de forma natural.
Y otra vez he acabado escribiendo de más y supongo que la pregunta que estaba en la mente de todos era "¿Pero ha servido de algo esta reunión?". Bueno, pues sí. Creo que ha servido de mucho, no por la reunión en sí, sino por todo lo que se ha generado alrededor. Porque, como decía, es bonito poder ver que hay puntos en común entre todos y ganas de debatir para arreglarlo. Porque es bonito que yo, un director cualquiera, sin suficientes méritos para poder considerarse importante por nada, pueda compartir sus pensamientos con el director de la Academia de Cine, con el de la Federación de Productores, pero sobre todo, con miles de personas más que nos han seguido con interés. Y al mismo tiempo que comparto estas ideas, poder escuchar las de todas esas miles de personas.
Es como cuando el público, cerca de las doce, después de la última canción, pide a gritos que toquen Let it be una vez más, y los cuatro de Liverpool escuchan, y salen, y tocan
Let it be y hacen que el público se sienta muy especial porque se ha generado un diálogo entre ellos y los creadores.
Un diálogo... entre ellos... y los creadores. Eso es. La encontré. Eso es exactamente lo que quería decir.