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Blog de la película El Cosmonauta
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"Pudimos habernos salvado, pero no lo hicimos"

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Hace poco más de una semana se celebró el estreno mundial de The Age Of Stupid, uno de los mayores ejemplos internacionales de crowdfunding aplicado al cine. El largometraje documental, dirigido por Franny Armstrong, ha sido posible gracias a la inversión de sus 223 productores y se ha proyectado en más de 500 cines repartidos por todo el mundo, todo un precedente entre las películas que siguen este modelo de financiación. No en vano, se puede encontrar en su página web una guía para financiar tu película mediante crowdfunding: How To Crowd Fund Your Film.

La película reflexiona sobre la pasividad actual frente al inminente cambio climático, desde la perspectiva de un archivero (Pete Postlethwaite) que vive en el año 2055, en un mundo devastado, observando imágenes de nuestra época y preguntándose por qué nadie hizo nada para evitar la tragedia. Si os habéis perdido el estreno, no pasa nada, ya que durante un mes la película se encuentra disponible para su visualización online de forma gratuita, aquí.

Las primeras impresiones están siendo muy favorables, si bien la mayoría lo son más por el modelo de mercado que por el contenido de la propia película. Jon Reiss lo explica de forma brillante en su artículo The Age of Stupid Is the Future of Film:

Aunque trata sobre el futuro de la humanidad; la película es tanto o más importante porque representa el futuro del cine, de la cultura cinematográfica y de su distribución y marketing.


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Riot Cinema Collective estuvo presente en el estreno de la película en Madrid, y nuestra compañera Gabriela también nos cuenta sus impresiones:

Desde que nos enteramos de la existencia de The Age of Stupid la película se convirtió para el equipo de El Cosmonauta en un maravilloso modelo a seguir. La manera en la que presentaban el proyecto en su web, los termómetros que utilizaban para representar qué se había logrado y qué faltaba por conseguirse,  lo generoso de querer compartir con el público y otros cineastas cómo llevar a cabo iniciativas similares, la cantidad de gente que lograron emocionar e incentivaron a participar. Todo no hacia más que inspirarnos. Al fin y al cabo The Age of Stupid, un documental de cine independiente, había logrado lo que hasta ahora sólo una película avalada por los estudios de Hollywood -y sobre todo, el motor de campaña de publicidad gigante que normalmente las acompaña- había conseguido: un estreno mundial el mismo día en cines.

No es necesario ir tan lejos, el documental ya había logrado lo que cualquier película independiente que se aventura en el uso de los modelos alternativos de producción y distribución cinematográfica de hoy añora: implicar y emocionar a su público, y contagiar a la vez a otros. Franny Armstrong, su realizadora, sin quererlo se convirtió en el mejor estudio de caso de un cineasta que logra exitosamente utilizar los nuevos medios y las nuevas herramientas que Internet provee a los creadores para que su mensaje haga eco y tenga un mayor impacto.  

¿Cuál es el problema? Las expectativas son inmensas. Y la posibilidad de satisfacerlas pequeñísimas. Yo vi el documental que presentaron en el periódico The Guardian un día antes del estreno y pensé que estaba a punto de ver una película que cambiaría mi vida. Tal vez pequé de ingenua, o tal vez el documental no era ni la ínfima parte de lo bueno que prometía ser. Sé que al igual que yo, muchos otros se sintieron defraudados. Esto podría ser una dura crítica pero es más bien un call to action para todos aquellos cineastas independientes que intentan difundir sus proyectos mediante escenarios similares: las películas no están a la altura del buzz que generan alrededor de ellas. Esto podría ser en un primer término muy desesperanzador pero en realidad creo que es un reto sensacional. La consecuencia de tener una buena oferta de películas es que se construye un público exigente y eso sólo puede ser bueno para el futuro del cine. 

Eso sí, debo admitir que las personas detrás de The Age of Stupid comprendieron, o por lo menos nos han hecho comprender a nosotros, que la proyección en cine de una película no es sólo una parada más dentro de la cadena tradicional de ventanas de exhibición y distribución cinematográfica. La proyección en cine es para los cineastas lo que un concierto es para los músicos: el disfrute colectivo de algo que es único y extraordinario. Los nuevos medios, a diferencia de lo que muchos opinan, no se pelean con el cine en salas, no harán que éstas desaparezcan. Al contrario, obligarán a que se revalore la experiencia de ir al cine, de ver una película en una sala llena de desconocidos, en una sala a obscuras en donde todos vemos lo mismo pero el sentimiento que provoca en cada uno es irrepetible.  Lo que afortunadamente no significa, es que la vida de una película se circunscribe únicamente a su estreno -o no- en dichas salas. Internet ha logrado que las ventanas de exhibición se multipliquen, Internet ha logrado lo que ninguna subvención, fondo, instituto cultural o ley del cine logrará: que el cine como medio de expresión siga vivo, siga vigente.  Porque de repente, sin importar la situación geográfica o económica de cada uno, todo tenemos una escuela de cine en casa: películas presentes y futuras pero sobre todo pasadas a sólo un click de distancia. 

Ser cineasta hoy en día es increíblemente emocionante. Pero ser espectador amante del cine, lo es todavía más. De cierta manera, the Age of Stupid es una probadita de esto. Y la verdad es que, aunque le falta, sabe muy, muy bien.


Definitivamente, los tiempos están cambiando.
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