Cómo prevenir y tratar las contracturas, la lesión que cualquiera puede sufrir

Todos las hemos sufrido. La contractura es una rigidez o una contracción muscular permanente, involuntaria y duradera. Son los célebres “nudos” en la espalda, de los que tanta gente se queja. Esas molestias, ese estado de rigidez en algunos puntos de la espalda, son pequeñas (o grandes) contracturas generadas por una carga incorrecta, un esfuerzo puntal, el estrés, una mala posición o, simplemente, un colchón incómodo.

Como su propio nombre indica, la contractura implica un estado de contracción muscular y es persistente. El músculo no se relaja y sigue hinchado y duro, por lo que en esa zona se percibe un abultamiento. De acuerdo, no es grave; pero sí puede ser una lesión muy molesta, sobre todo para realizar determinados movimientos, gestos o actividades cotidianas que implican la movilización del músculo afectado.

En el caso de las contracturas cervicales, tan comunes, el dolor muscular puede extenderse desde los hombros hacia la zona dorsal, y llegar incluso a brazos y piernas. Vinculado a esto, pueden aparecer también los famosos calambres, dolores repentinos inmovilizantes.

Las contracturas son una lesión muy frecuente. La razón es sencilla: no se producen como consecuencia de un impacto, ni siquiera responden a la práctica deportiva. Es más, las sufren más las personas sedentarias que los deportistas. Todos estamos expuestos a sufrirlas y las causas son variadas.

La contractura puede producirse al realizar ejercicio o ejecutar un movimiento que puede ser común, pero que realizamos en frío y sin que el músculo esté preparado para ello. También puede aparecer después de realizar el ejercicio, por una fatiga excesiva, o si el músculo sufre un golpe. El estrés es otro aliado de las contracturas y las sobrecargas. Una persona estresada está en permanente tensión, también muscular.

contracturas

Otra causa muy común es adoptar una mala postura. Se estima que nueve de cada diez contracturas tienen como causa haber adoptado de forma recurrente un mal hábito postural. Como consecuencia de una posición incorrecta, el músculo soporta más carga de la que debiera, y se produce una circulación sanguínea insuficiente. El músculo recibe menos oxígeno y esto provoca un endurecimiento de la zona afectada, con una reducción de la movilidad y la aparición de un dolor localizado.

Por ejemplo: una mala posición ante el ordenador implica que se cargue más de lo debido sobre determinados músculos de la espalda o lumbares, y que finalmente se produzca una sobrecarga. Esto además puede generar un círculo vicioso, porque ante una postura incorrecta el cuerpo busca otra compensatoria, que a su vez puede provocar nuevas contracturas.

Pero la lista de actividades cotidianas para las que muchas personas adoptan posturas incorrectas y potenciales generadoras de sobrecargas es amplia: muchos cargan con una mochila sobre un solo hombro, lo que desequilibra la carga sobre cuello y cervicales; otros sostienen el teléfono móvil entre el hombro y el cuello para poder tener las manos libres; también los hay que utilizan el ordenador portátil o una tableta en una posición inadecuada.

Observar las posturas que adoptamos puede servir para darnos cuenta de que estamos cargando incorrectamente, y prevenir así una sobrecarga. La higiene postural ha sido frecuentemente ignorada, pero es esencial para evitar contracturas y sobrecargas. Por eso se le concede cada vez más importancia, incluso en los planes de prevención de riesgos laborales. Un buen fisioterapeuta o el preparador físico también podrán indicarte qué pautas seguir para evitar posturas viciadas.

La prevención es el mejor tratamiento contra las contracturas, pero además de observar tu postura y corregirla si es incorrecta, puede ser muy útil realizar estiramientos cada cierto tiempo, si trabajas sentado. Igualmente, la mejor receta para evitar contracturas derivadas de la práctica deportiva es calentar adecuadamente los músculos que van a intervenir antes de comenzarla, y realizar un buen enfriamiento al acabar.

Si ya sufres una contractura, hay que asumir que va a acompañarte una o dos semanas. No obstante, tranquilidad, ya que hay bastantes cosas que podemos hacer para aliviarla y acelerar su curación. Por ejemplo, un masaje a cargo de un terapeuta especializado servirá para experimentar una rápida mejoría y un alivio casi inmediato. Un fisioterapeuta es el especialista que más puede aliviar el dolor de una sobrecarga. Aquí es importante tener en cuenta que su función no es solo paliativa o curativa. También están para prevenir y podrán ayudarte a mejorar tu higiene postural para evitar lesiones futuras.

Aplicar calor sobre el músculo afectado es otra buena receta. El calor puede venir de almohadas eléctricas, de luces rojas, de bolsas de agua o de cualquier otra fuente. La andulación que desarrollan empresas como HHP es un método basado en principios biofísicos que se usan desde hace décadas para aliviar el dolor, y que combina el tratamiento por vibraciones mecánicas controladas con la aplicación de calor local por infrarrojos.

Ya hemos comentado que las personas sedentarias son más propensas a sufrir sobrecargas y contracturas, porque tienen un peor tono muscular y su musculatura está peor preparada para asimilar golpes o caídas. Por eso, hacer deporte es otra buena medida, siempre que aún no se haya producido la contractura. Si ya la sufres, debes parar la actividad física para evitar que ésta degenere en una lesión más grave. Y si puedes, descansar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

error: