Termina la gripe, desaparece el dolor de garganta y llega una duda bastante común: ¿hay que tirar el cepillo de dientes después de haber estado enfermo? La respuesta no es tan tajante como suele pensarse. En la mayoría de los resfriados y procesos virales, cambiarlo no es imprescindible para evitar una supuesta reinfección, aunque hay situaciones en las que sustituirlo sí resulta prudente.
Los microorganismos pueden permanecer durante un tiempo sobre las cerdas, pero eso no significa automáticamente que una persona vaya a volver a enfermar por utilizar su propio cepillo. La Asociación Dental Americana (ADA) señala que no existe evidencia de que las bacterias presentes habitualmente en un cepillo provoquen efectos adversos para la salud y recuerda que, tras una infección, el organismo desarrolla defensas frente al microorganismo responsable.
Distinto es el caso de determinadas infecciones, personas inmunodeprimidas o cepillos compartidos o almacenados incorrectamente. Ahí conviene ser más cuidadoso.
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¿Puede uno volver a contagiarse con su propio cepillo?
Es una de las principales preocupaciones después de pasar una enfermedad.
Durante una infección, saliva, bacterias y virus entran inevitablemente en contacto con el cepillo. Algunos microorganismos pueden permanecer sobre las cerdas durante horas o incluso días dependiendo de las condiciones ambientales.
Sin embargo, la presencia de un microorganismo no equivale necesariamente a capacidad de reinfección.
En una persona sana, el sistema inmunitario suele haber desarrollado una respuesta frente al agente responsable de la enfermedad. Por ese motivo, volver a utilizar el mismo cepillo después de un resfriado o una gripe no implica normalmente comenzar otra vez el mismo proceso infeccioso.
La situación cambia si el cepillo está deteriorado, permanece húmedo durante muchas horas, se comparte con otras personas o entra en contacto con otros cepillos.
Resfriado común: normalmente no es necesario
Después de un resfriado, cambiar el cepillo puede ser una medida de higiene razonable, pero no suele considerarse imprescindible.
Los resfriados pueden estar provocados por numerosos virus diferentes. Una vez superada la infección concreta, el organismo desarrolla una respuesta inmunitaria frente a ese virus, por lo que el riesgo de volver a sufrir inmediatamente el mismo resfriado por usar el cepillo es bajo.
Otra cuestión es que el cepillo ya tenga varios meses de uso.
Si está cerca del momento habitual de sustitución, haber pasado una enfermedad puede ser una buena oportunidad para estrenarlo.
¿Y después de una gripe?
Con la gripe ocurre algo parecido.
Puede haber partículas virales en el cepillo durante la enfermedad, pero en condiciones normales no existe una recomendación universal que obligue a cambiarlo para evitar una reinfección.
Algunas clínicas y especialistas aconsejan sustituirlo como medida de precaución después de haber estado enfermo, mientras que la información divulgativa de la ADA señala que continuar utilizándolo no suele provocar una nueva infección en una persona con un sistema inmunitario normal.
En términos prácticos, no pasa nada por cambiarlo, especialmente si es antiguo, pero tampoco hay razones para alarmarse por haberlo utilizado después de recuperarse.
La faringitis estreptocócica merece más atención
Uno de los casos donde existe mayor cautela es la faringitis causada por estreptococos del grupo A.
A diferencia de un resfriado común, aquí hablamos de una infección bacteriana que puede reaparecer o transmitirse entre miembros de una familia.
Algunos especialistas recomiendan sustituir el cepillo durante o al finalizar el tratamiento antibiótico, especialmente cuando existen episodios recurrentes de faringitis estreptocócica.
No significa que el cepillo sea necesariamente responsable de una nueva infección, pero el coste de sustituirlo es pequeño y permite eliminar una posible superficie contaminada.
Si una persona presenta repetidamente infecciones por estreptococo pese a completar correctamente el tratamiento, debe consultarlo con un profesional sanitario en lugar de atribuir automáticamente el problema al cepillo.
COVID: cambiarlo no suele ser imprescindible
Con el COVID-19 también surgió durante la pandemia la preocupación por una posible reinfección a través de objetos personales.
En una persona sana que utiliza exclusivamente su propio cepillo, cambiarlo después de superar la infección no se considera normalmente necesario para impedir que vuelva a contagiarse de sí misma.
Sí conviene extremar una precaución básica: no permitir que el cepillo entre en contacto con el de otras personas, especialmente durante la fase en la que existe riesgo de transmisión.
Compartir un mismo recipiente tampoco es lo ideal si los cabezales terminan tocándose.
¿Qué ocurre con el herpes labial?
Aquí la situación merece más cuidado.
El virus del herpes simple permanece en el organismo y puede provocar nuevos brotes a lo largo de la vida. Además, puede contaminar objetos que hayan estado en contacto directo con una lesión activa.
Por ese motivo, algunos especialistas aconsejan sustituir el cepillo después de un episodio de herpes labial, especialmente si las cerdas han podido entrar en contacto con la lesión.
También resulta importante no compartir vasos, cubiertos, bálsamos labiales ni otros objetos que entren en contacto directo con la boca durante un brote.
¿Y después de una gastroenteritis?
La gastroenteritis genera una duda diferente.
Los virus y bacterias responsables se transmiten generalmente por vía fecal-oral, alimentos contaminados o contacto con superficies.
No existe una regla general que obligue a cambiar el cepillo después de cada gastroenteritis.
Sin embargo, conviene extremar la higiene de manos, especialmente después de utilizar el baño y antes de tocar el cepillo.
Si durante la enfermedad ha habido vómitos y el cepillo ha podido contaminarse directamente, sustituirlo es una medida sencilla y razonable.
¿Hay que cambiar también el cabezal de un cepillo eléctrico?
Sí: las mismas recomendaciones se aplican al cabezal de los cepillos eléctricos.
No es necesario sustituir todo el aparato.
Si existen motivos para cambiar el cepillo después de una infección, basta con retirar el cabezal usado y colocar uno nuevo.
El mango debe mantenerse limpio siguiendo las instrucciones del fabricante y evitando sumergir componentes eléctricos que no estén preparados para ello.
Además, un cabezal desgastado pierde eficacia exactamente igual que ocurre con un cepillo manual.
¿Se puede desinfectar el cepillo en lugar de cambiarlo?
En condiciones normales, no es necesario realizar una desinfección agresiva.
La ADA recomienda una rutina mucho más sencilla: aclarar bien el cepillo después de cada uso, retirar los restos de pasta y guardarlo en posición vertical para que pueda secarse al aire.
Mantenerlo permanentemente dentro de un recipiente cerrado mientras continúa húmedo puede favorecer el crecimiento de microorganismos.
Existen productos comercializados como esterilizadores o desinfectantes para cepillos, pero la evidencia sobre su utilidad cotidiana es limitada.
Tampoco conviene recurrir a métodos extremos.
La ADA desaconseja introducir el cepillo en el microondas o el lavavajillas, ya que las altas temperaturas pueden deteriorar las cerdas y otros componentes.
No hay que hervir el cepillo
Hervirlo tampoco es una buena idea.
Los cepillos están fabricados con materiales diseñados para soportar el uso diario, pero no necesariamente temperaturas extremas.
El calor puede deformar las cerdas y reducir su eficacia para eliminar la placa.
Si existe una preocupación real por contaminación después de una enfermedad, resulta mucho más sencillo sustituir un cepillo manual o un cabezal eléctrico que intentar esterilizarlo mediante métodos caseros.
Cómo guardarlo correctamente mientras estamos enfermos
La forma de guardar el cepillo probablemente sea más importante de lo que pensamos.
Después de utilizarlo conviene:
Aclararlo con abundante agua, retirar restos visibles de pasta y dejarlo secar en posición vertical.
También debe evitarse que las cerdas de distintos miembros de la familia estén en contacto directo.
Los cepillos no deben compartirse nunca. El intercambio puede facilitar la transmisión de saliva y microorganismos entre personas.
Durante una enfermedad contagiosa resulta especialmente aconsejable mantener el cepillo separado del resto.
¿Qué pasa si todos los cepillos están juntos?
Muchas familias guardan varios cepillos en el mismo vaso.
Eso no representa necesariamente un problema si permanecen separados.
La cuestión cambia cuando los cabezales se tocan entre sí.
Si una persona enferma comparte un soporte donde los cepillos permanecen continuamente en contacto, puede ser razonable sustituir también aquellos que hayan podido contaminarse.
La ADA destaca precisamente la conveniencia de evitar el contacto directo entre cepillos para reducir el intercambio de microorganismos.
Las personas inmunodeprimidas deben ser más cuidadosas
Las recomendaciones generales no sirven exactamente igual para todo el mundo.
Una persona con el sistema inmunitario gravemente debilitado puede necesitar mayores precauciones frente a microorganismos que para otra persona resultarían irrelevantes.
En esos casos, cambiar el cepillo después de una infección puede ser especialmente recomendable.
Si existe una inmunosupresión importante por enfermedad o tratamiento médico, lo adecuado es seguir las indicaciones específicas del equipo sanitario.
Cuándo cambiar el cepillo aunque no hayamos estado enfermos
Más allá de las infecciones, existe una razón mucho más habitual para sustituirlo: el desgaste.
La Asociación Dental Americana recomienda hacerlo aproximadamente cada tres o cuatro meses, o antes si las cerdas están abiertas, dobladas o deterioradas.
Un cepillo viejo no solo puede acumular más microorganismos.
Su principal problema es que limpia peor.
Cuando las cerdas pierden su forma disminuye su capacidad para retirar eficazmente la placa de la superficie dental y del margen de las encías.
Entonces, ¿hay que cambiarlo o no?
No existe una regla según la cual sea obligatorio tirar el cepillo cada vez que tenemos un resfriado, una gripe o cualquier otra enfermedad.
Para una persona sana, haber utilizado el mismo cepillo durante un proceso viral no significa que vaya a reinfectarse automáticamente al recuperarse.
Aun así, sustituirlo puede tener sentido cuando ha quedado deteriorado, lleva ya varios meses en uso, ha estado en contacto con otros cepillos, existe una infección recurrente como determinadas faringitis bacterianas, se ha producido un brote de herpes o la persona tiene las defensas especialmente comprometidas.
Y hay una regla que sirve independientemente de haber estado enfermo: un cepillo desgastado debe cambiarse.
Más que obsesionarse con esterilizarlo después de cada infección, las medidas más útiles siguen siendo las más sencillas: no compartirlo, aclararlo correctamente, dejarlo secar al aire y renovarlo de forma periódica.



