Impresiones del rodaje
Dirigir es una sensación extraña. Yo siempre comparo los días que dura un rodaje en el que soy director con una potente droga que dura horas.
Es difícil explicar la sensación que se tiene cuando tienes un millón de detalles ante ti. Cuando eres responsable de cada color, piedra o suspiro que sucede entre los límites de tu encuadre. Cuando debes presionar a cada departamento para que llegue al límite de sus posibilidades. Cuando debes responder rápido y acertadamente a todas sus preguntas que llegan a ti de forma ininterrumpida desde primera hora de la mañana. Cuando tienes en tus manos el poder de manipular la reacción de tu actor, de provocar en su personaje sensaciones, tonos, inflexiones de la voz.
Es difícil explicar la sensación de poder que se tiene al tener tantos elementos en tus manos y ser una suerte de arquitecto que debe encajar todas las piezas.
Pero más difícil de explicar que esto y que esa adrenalina que se tiene durante un rodaje que te impide sentir dolor o cansancio, que te mantiene en permanente actividad durante horas y atento a cada milimétrico detalle, más difícil es conservar la cordura y evitar la tentación de compararse con una especie de dios antiguo y todopoderoso.
Tener un buen equipo ayuda mucho a ello ya que la creatividad se reparte y cada cual aporta su parte, introduce su sensibilidad y su pequeña vibración a cada momento.
Tener un buen equipo es crucial.
¿Y por qué cuento esto? Porque como muchos sabéis hemos tenido la primera semana de rodaje de El Cosmonauta.
No era una primera semana de rodaje convencional sino una pequeña avanzadilla. Un equipo muy reducido (Luis Enrique, director de fotografía; Margarita, diseñadora de vestuario; Alisa, Sasha y Julia, nuestro equipo de producción en Rusia, y yo). Una avanzadilla en la cual hemos llevado a nuestro actor principal para rodar algunas tomas de él como cosmonauta vagando por una Tierra desierta. En las que necesitábamos planos con nieve para ambientar los muchos años que pasan en nuestra historia.
Ha sido una semana en la que hemos grabado planos recurso, referencias, paisajes y algunas escenas importantes en la película. Todo reducido a su mínima expresión. Margarita ha hecho de peluquera, yo de ayudante de cámara, nuestro actor ha cocinado para nosotros. Ha sido como convivir en familia durante una semana.
Hemos rodado en Moscú, en la Ciudad de la Estrellas, en una Dacha (casa de campo rusa) y sus alrededores. Hemos sentido, por primera vez, la emoción del rodaje. Después de dos años de duro trabajo por fin hemos podido sentir que El Cosmonauta es real. Que vamos a hacer esta película. Que ya la estamos haciendo.
Además, la suerte nos ha acompañado. Hemos encontrado localizaciones perfectas. Hemos conseguido cosas increíbles. Hemos tenido suerte con el clima. Cada detalle ha sido ideal. El ambiente ha sido relajado, alegre, lleno de bromas y chistes, de absurdos malentendidos por el idioma, de momentos felices. Ni siquiera en mis mejores sueños podía imaginar que saldría tan bien. Que me sentiría tan a gusto, tan seguro. Y eso que ni siquiera hemos empezado el rodaje de verdad. El rodaje en el que intervendrán, no cinco, sino treinta personas al servicio de que todo salga como está planeado. En el que de verdad me enfrentaré a los actores, a las escenas, a la presión del tiempo.
Apenas puedo aguantar los nervios. Junio, por favor, llega ya.
-Miércoles:
Carola va a despedirnos al aeropuerto. Llevamos todo el material de cámara con nosotros. El vuelo dura 4 horas. Por un extraño malentendido nos sirven comida dietética. Está rica.
Al llegar, nos reciben Alisa y Sasha, de quien pronto os contaremos más. Iniciamos el viaje hacia la casa de la abuela de Margarita, donde nos alojaremos durante la mitad de los días que pasaremos en Moscú. Al llegar, tenemos la primera reunión de producción: planificamos la semana, discutimos los pros y contras de rodar en ciertos sitios, calculamos tiempos, dejamos todo listo. La eficacia con que se mueven Alisa y Sasha me deja sorprendido. No los había conocido en persona. No sabía que esperar pero todo indica que será mucho mejor de cualquier cosa que haya previsto.
-Jueves:
Salimos temprano para la Dacha de Valeri Illich, el suegro de Sasha. Valeri, lo descubriremos en los próximos días, es una persona increíblemente generosa divertida e interesante. Muchos rusos tienen casas de campo donde pasan el fin de semana. Al llegar nos encontramos con una casa acogedora y bien preparada. Dan ganas de quedarse a vivir.
Sasha convence a un taxista de un pueblo cercano para que venga con el suyo y podamos rodarlo. El taxista desconfía, nos pregunta porqué queremos ir a un lugar tan alejado, repite una y otra vez que seguro que queremos asesinarlo y robarle el coche. A pesar de todo decide venir.
Cuando finalmente nos ve rodando su viejo y destartalado Lada, poniéndole lucecitas y una matrícula de época, ríe a carcajadas. Se acercan otros hombres a mirar. Nos dicen que es la primera vez que oyen hablar inglés a alguien.
Finalmente el plano es un éxito. Yo le explico a Sasha lo que es un "happy accident": a veces, una eventualidad provoca un resultado mejor del previsto. El lugar en el que rodamos es mucho mejor que el original y el plano es precioso.
-Viernes:
Nos levantamos a las 4 de la mañana. Escribimos en una cinta que nos pegamos en el brazo nuestra profesión durante las próximas horas: Train Hunters. Vamos a cazar trenes. Necesitamos algunos planos de trenes pasando al amanecer.
Después de media hora de espera a menos muchos grados conseguimos nuestros planos. Cazamos varios trenes que pasan en ambas direcciones. Grabamos al lado de la vía sobre un puente. Debemos agacharnos para que no nos golpeen los vagones mientras el tren hace vibrar toda la estructura, pasando a toda velocidad.
En el camino de vuelta escuchamos canciones soviéticas que Sasha ha seleccionado para mi, por si me sirven para la película.
Por la tarde asistimos a una actuación en el colegio de los niños de Sasha. Los padres de los otros niños se han comprometido con nosotros a hacer de figurantes por la noche si a cambio grabamos la actuación. Es cómico vernos grabando a los niños cantando y gritando y bailando con las mismas cámaras con que rodamos la película. Nos divertimos.
Finalmente grabamos algunos planos geniales con los padres, vestidos de época, celebrando la nochevieja en las calles de Moscú. Tiran serpentinas, encienden bengalas y beben champán.
Rodamos algunos planos en la plaza roja, fingiendo que sacamos fotografías. Son las dos de la mañana y está desierta, excepto por un par de soldados que vigilan el mausoleo de Lenin y que no nos hacen mucho caso.
Antes de ir a dormir recorremos las calles vacías de la ciudad hasta la estatua de Gagarin para hacer un plano. Me impresiona estar bajo una escultura que he visto en tantas fotografías. Se ve majestuosa en nuestro monitor. Todavía más al natural.
Nos levantamos casi a la hora de comer después de habernos acostado casi a las cinco de la madrugada chequeando tomas. Hoy llega el actor y nosotros vamos a rodar otro tren mientras le llevan a la peluquería y le preparan para el día siguiente.
En el camino encontramos unos extraños túmulos que nos llaman la atención. Paramos y descubrimos un campo lleno de barro negro. Barro Negro, así es como se llama este pequeño pueblo a unos kilómetros de Moscú. La localización es impresionante y decidimos cambiar los planes y rodar una escena que estaba prevista para el día siguiente. En ella, el cosmonauta cae arrodillado ante un montículo de tierra con una antorcha en la mano. Tenemos un fondo precioso, unos charcos poéticos y espectaculares que reflejan el cielo. Problema: no tenemos montículo.Unos artesanos de la madera nos miran curiosos desde lejos. Les explicamos que estamos haciendo una película y nos prestan una pala. Comenzamos a cavar por turnos. Cavamos durante dos horas y media hasta conseguir la altura necesaria. Entre medias los artesanos nos ofrecen algo de arroz y carne. La amabilidad rusa nos impresiona. A las ocho llega el actor, justo cuando empieza a desaparecer la luz. Debemos correr. Nos da tiempo a rodar todas las tomas previstas in extremis y con poca luz, pero cuando las vemos después descubrimos que tienen suficiente luz y poco grano. Lo hemos conseguido. Las tomas son perfectas y el actor ha tenido su primer contacto con las cámaras y el traje de cosmonauta.
-Domingo:
Pasamos la mañana rodando al cosmonauta vagando por paisajes desiertos. Rodamos a Stas caminando entre las tumbas de un pequeño cementerio. Gritándole a la nada sobre el tronco de un árbol. Caminando sobre un lago helado. Intentando abrirse paso con la nieve cubriéndole por encima de las rodillas. Para cuando terminamos, no son siquiera las doce. Seguimos adelante.

Encontramos de casualidad una vieja iglesia abandonada. Es absolutamente espectacular, con el suelo lleno de nieve, sin techo, con los frescos todavía en las paredes.
Luis Enrique y yo nos miramos. Nos recuerda mucho a Tarkovsky. Es nuestro primer contacto con él. En los próximos días iremos encontrándonos con su fantasma más veces. A pesar de que no queremos que sea una influencia directa hay tantas conexiones con El Cosmonauta que parece acompañarnos, imponer su presencia. Más tarde encontraremos una localización idéntica a algunas de Stalker y Nostalghia. De alguna manera sentimos que el viejo Andrei marca su territorio, nos dice: Esta es la Rusia que yo retraté, y sin embargo, os la presto.
Rodamos uno de los planos más bonitos hasta el momento: Stas bebiendo agua desesperado de un canalón que gotea. Comentamos con Alisa que parece que nos sonríe la suerte. La nieve en Moscú suele desaparecer a mediados de Marzo. Estamos en Abril y continúa todo nevado. Y no solo eso, hoy, que es el último día de rodaje en el campo, ha comenzado a derretirse. Eso hace que todo se vea brillante, y más importante, que en la siguiente localización que encontramos esté todo mojado, goteando, lleno de charcos.
Nos quedamos impresionados por unas impresionantes construcciones derruidas. Son absolutamente perfectas para la película. Jamás habría podido imaginar y construir algo tan perfecto, ni con todo el dinero del mundo. Las abrazamos con pasión y rodamos varios planos espectaculares.
De pronto empezamos a sentir que si tenemos la mitad de suerte que hasta ahora y los planos que rodamos son la mitad de espectaculares esta película va a ser algo grande. Nos puede la euforia.No paramos de encontrar comederos de vacas abandonados llenos de charcos y gotas y musgo. Me quedaría un mes rodando aquí pero la luz, siempre la luz, desaparece poco a poco. Rodamos al cosmonauta reflejado en varios charcos enormes. Rodamos en un granero abandonado. Conocemos a los dueños del establo de al lado que nos ofrecen leche fresca, recién ordeñada. Rodamos unas pequeñas moscas que flotan perezosas mientras el sol se pone.
Finalmente, tenemos que tomar una decisión: rodar algunos planos más en este sitio espectacular en este día mágico del año que probablemente no vuelva a repetirse o rodar uno de los planos más importantes de nuestra agenda: el cosmonauta en un río cazando un pez. Decidimos dejar para Junio el resto de lugares abandonados e ir a por el pez. Cruzo los dedos para no arrepentirme más tarde de esta decisión.
Luis Enrique y el actor se meten a la corriente de un río que está a veintimuchos grados bajo cero. El sol desaparece y solo nos quedan unos minutos de luz. Finalmente, los peces llegan a tiempo. Los lanzamos al agua y se revuelven inquietos. El cosmonauta se las apaña para agarrar uno con sus manos y rodamos varios planos espectaculares, vibrantes, vivos.
Llevamos corriendo al actor a la Dacha para cambiarle antes de que se congele. Está calado hasta los huesos pero Valeri Illich lo resuelve de manera fácil: prepara el "baña", una típica sauna rusa.Acabamos todos bebiendo té mientras alternamos los más de cien grados de la sauna con baños en la nieve. Nos sentimos vivos y afortunados. La cena se alarga hasta tarde. Lanzamos algunos fuegos artificiales en mitad de la nada para unos planos que necesitamos. Son como el merecido pago a una jornada increíble. Bailamos y cantamos. Bebemos vino español. No puedo dejar de sonreír.
Viajamos temprano hacia Star City. Es mi tercera visita a la ciudad. Esta vez ya no vengo como turista sino como invitado. Nos han permitido alojarnos en una de las casas reservadas a los cosmonautas extranjeros. Es una especie de hotel secreto donde se han alojado grandes personalidades. Guy Laliberté, el director del Circo del Sol y último turista espacial pasó seis meses aquí.
Rodamos algunos planos de Stas entrenando en Star City. De él paseando por la ciudad nevada. Al llegar a la estatua de Gagarin se me ocurre una escena que no estaba en el guión. La rodamos. Es increíblemente emocionante y el actor la clava. No me cabe duda de que la meteré en el montaje final. Luis Enrique y yo nos miramos cómplices. Los dos podemos ver que estamos haciendo algo especial.
Con la última toma, suben corriendo al actor en un coche y se lo llevan corriendo al aeropuerto para que no pierda su vuelo. La primera parte de su aventura ha terminado aunque a nosotros todavía nos quedan un par de días.
Por la noche rodamos algunos planos en las calles desiertas de Star City. Se me hace super raro estar paseando por ahí, sin nadie que nos vigile, sin limitaciones. Rodamos algunos planos nocturnos y localizamos algunos lugares para cuando volvamos en Junio. -Martes:
Solo quedan algunos planos que rodará Luis Enrique por la tarde mientras yo tengo algunas reuniones. Por la mañana visitamos las instalaciones militares de la Ciudad de las Estrellas. Esta vez nos muestran las partes de atrás, las salas de control, los lugares donde tendremos acceso para rodar en unas semanas. Veo cada escena ante mis ojos.
Preguntamos cada detalle. Vemos posibilidades. Imaginamos lo que será difícil y los problemas que encontraremos. Descubro lugares de Star City que son mejores que como los imaginé. Otros son peores y buscaremos esas localizaciones en otro lugar. Nos cruzamos de casualidad con Sergey Volkov. La suerte nos sigue sonriendo.
Finalmente nos vamos de ahí con la sensación de que hemos encontrado gran parte de nuestra película. De que es el lugar donde debemos rodar y de que ninguna cantidad de dinero podría reproducir lo que ya está ahí de forma natural. Me siento feliz de tener la oportunidad de haber llegado a conocer este lugar, de haberme enamorado de sus calles y de haber construido mi historia en torno a él.
Por la tarde tenemos la inmensa suerte de conocer a Artem Vasiliev. Artem es el productor de "Soldado de Papel", una película de Alexei German Jr que retrata los últimos días antes del despegue de Gagarin. Alexeis nos dice que finalmente no puede unirse a nosotros ya que se encuentra un poco enfermo.
Soldado de Papel es una película que descubrí de casualidad y que me fascinó desde el primer momento. Se ha convertido en una de mis preferidas y en una gran inspiración para El Cosmonauta por muchos motivos. Compartir hoy un café con Artem hace este viaje aún más especial. Le preguntamos mil cuestiones logísticas y le cuento sobre nuestro proyecto. Le interesa sobremanera. Nos despedimos con cariño prometiendo encontrarnos otra vez.
Por la noche celebramos el final del rodaje. El viaje se acaba y volvemos a Madrid con el orgullo de los valientes. Con la sensación de haber hecho todo bien. De haber superado las expectativas y con unas ganas terribles de volver. De repetir la experiencia multiplicada por cinco. De comenzar de una vez el rodaje de la película más importante de nuestras vidas: la nuestra.




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